El andén en la vida ciudadana

Uno de los grandes encantos que pueda tener una ciudad, reside en la calidad de sus andenes. Cuando estos son uniformes, fundidos con buenos materiales, espaciosos, limpios, y fuera de eso rodeados de jardines y de árboles, el ciudadano se encuentra frente a una permanente invitación para caminar, para disfrutar el paisaje, para alentar el sano esparcimiento.

Las ciudades colombianas fueron por muchos años celosas de esos espacios. Los residentes cuidaban su andén, mantenían con esmero el jardín, gozaban ver creciendo su propio árbol, salían a barrer su espacio y las familias acudían a la calle a disfrutar una caminata asistida por el mejor ambiente, en donde se admiraban los frentes de las distintas residencias y los comparaban con su propio esfuerzo.

Pero hoy la falta de cultura ciudadana y el desinterés de los gobernantes parece haber acabado con todo. La calle es un territorio de nadie en donde reina la indiferencia total, situación que ha convertido el espacio público en algo lamentable, desastroso y oprobioso.

La gente sale de sus casas y no se da cuenta de nada, y al regresar cierra sus puertas, y pareciera que sus ojos también, como símbolo de alejamiento de cualquier cosa que pueda suceder en el exterior y de la cual no quiere enterarse par no acabar de perturbarse.

Esta situación ha hecho de nuestras ciudades espacios sin personalidad, amargos y hostiles. Fuera de eso la seguridad, totalmente descuidada, deja la calle a merced de los bándalos, que se creen sus propietarios, en donde pueden actuar a sus anchas.

La recuperación de la calle y de sus entornos debe ser un imperativo ciudadano y gubernamental y para lograrlo se necesita sembrar cultura, generar ánimos renovadores, propiciar estímulos ejemplarizantes.

Divididas las ciudades hoy en barrios y comunas, se pueden diseñar programas que comprometan a todas las gentes y que ese ejercicio se convierta en una sana competencia que motive al mejoramiento y a los logros de la calidad de vida que hoy notamos lastimosamente perdida y que es preciso recuperar, para salir de esas montoneras horrorosas y agobiantes.

Abogado y miembro de la Academia Colombiana de Historia y de la Real Academia Española de la Historia.

También podría gustarte