El servicio, la última pelea por el lenguaje

Referirse a un trabajador doméstico como el “sirviente”, se considera una violación a la dignidad humana y los principios de igualdad que defiende la Constitución. Así lo definió la Corte Constitucional en la Sentencia C-001 de 2018, conocida esta semana.

El alto tribunal llegó a esta decisión tras analizar una demanda al artículo 2267 del Código Civil, que habla de la seguridad de la que son responsables los “posaderos”, es decir, dueños de posadas que al día de hoy se podrían tomar como hoteles, hostales y demás.

El mentado artículo dice que este “posadero” debe responder por los robos que puedan cometer sus sirvientes. Pues bien, a juicio de la Corte, esta palabra sirviente deberá ser sustituida por las expresiones “trabajadores” o “empleados”.

La sentencia de la magistrada Diana Fajardo Rivera añade que, si bien, desde el punto de vista lingüístico del asunto sería preciso el uso de la palabra “sirviente”, asevera que el actual contexto social y cultural le da un tinte discriminatorio y degradante.

Aunque pueda parecer un asunto ligero, toda la exposición dada por el alto tribunal para sustentar su decisión sobre esta palabra, no se trata de la primera de las batallas lingüísticas que se libra en el seno de la justicia en Colombia.

 

Otras batallas

En el interior de la Corte se han generado otras cinco sentencias por la palabra “sirviente”, “amos” o “criados” en el Código Civil, que vale anotar, fue sancionado el 26 de mayo de 1873. En todas estas, se han eliminado estas palabras.

Sin embargo, en la actualidad se abona terreno para continuar cambiando expresiones a la luz del lenguaje incluyente, pues la Corte ya se ha manifestado en torno a los cambios en el contexto social.

La última de las batallas de la rama judicial por el uso de este lenguaje es el fallo conocido el pasado 14 de diciembre por el juez 22 administrativo del circuito judicial de Bogotá, Luis Octavio Mora Bejarano, en el que le ordena modificar el eslogan “Bogotá mejor para todos” por la frase “Bogotá mejor para todos y todas” en la administración capitalina.

El juez consideró que se está incumpliendo el acuerdo en el que se instaló este estilo de lenguaje en Bogotá, al dejar a las mujeres afuera del lema que, se supone, simboliza el rumbo de la alcaldía.

Retrocediendo hasta 2016, se puede encontrar otro antecedente: La Corte Constitucional declaró la inexequibilidad del artículo 33 del Código Civil, en el que se define el uso de la palabra “hombre”.

Dicho apartado describía que las palabras hombre, persona, niño, adulto y otras semejantes comprenderán a todos los individuos de la especie humana, sin distinción de sexo, mientras que las palabras mujer, niña, viuda y otras semejantes, solo se aplicarán al sexo femenino.

La Sentencia C-804 consideró que usar la palabra hombre de forma generalizada para todos los individuos es anticonstitucional y lo eliminó para promover la visibilización de la mujer en la sociedad.

 

¿Vale la pena?

Esta palabra, “sirvienta”, le trae malos recuerdos a María Roa, presidenta de la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico. Para ella, solo un cambio de palabras puede empezar a romper una historia plagada de situaciones humillantes.

“Esta decisión es súper importante, porque así podemos ir destruyendo y acabando con el centralismo que tienen las clases sociales altas. Estas palabras siempre nos han maltratado”, aseguró.

“No es una ligereza” que la Corte Constitucional ponga su atención en el manejo del lenguaje, añadió el expresidente de este alto tribunal, Alfredo Beltrán, al explicar que esta tiene como deber evitar todo tipo de acciones que puedan afectar la igualdad.

“Lo que se aspira es que estas sentencias sean un punto de referencia para garantizar el trato igual entre los ciudadanos… La legislación también tiene que tener una función orientadora y esto afecta a todos los ciudadanos”, agregó.

Sin embargo, para este experto en la Carta Magna, no se puede anticipar que exista hoy una apertura para cambiar en su totalidad el uso del lenguaje incluyente.

Frente al recordado fallo de Bogotá, enfatizó en que la sentencia no ha cumplido su trámite de revisión constitucional y, de cualquier forma, a su juicio “en la expresión “todos” sí estaba incluidas todas las personas. Es una decisión con buena intención, pero innecesaria desde lo jurídico”. El Colombiano.

 

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