DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

Reinaldo Rueda, el salvavidas que a nadie le gusta  

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Por:  

César Polanía  

Cuando Reinado Rueda llegó al banco de la Selección, en enero de este año, Colombia estaba naufragando en un mar de incertidumbres y errores que ratificaban la mala decisión de haberle soltado el barco a Carlos Queiroz.

En el clasificatorio al Mundial de Catar, el entrenador portugués había conseguido 4 puntos, producto de un triunfo sobre Venezuela, un empate con Chile y dos tormentosas derrotas contra Uruguay y Ecuador, que a la postre le costaron su hundimiento y salida del equipo.

El salvavidas a la vista era Rueda, un técnico que tampoco se movía en aguas mansas con Chile, pero que por sus conocimientos, experiencia mundialista con dos selecciones, disciplina y rigurosidad, además de los buenos antecedentes la primera vez que cogió el timón de Colombia, era la apuesta de la Federación. Después de muchos esfuerzos y polémica, el vallecaucano por fin se subió al barco.

Al recibir la carta de navegación, Rueda encontró un equipo con el agua al cuello, al borde del hundimiento total, con 4 puntos de 12 posibles, 6 goles a favor y 11 en contra (-5 de diferencia), y casi en el sótano de la tabla, ocupando la séptima casilla. Además, con un vestuario resquebrajado, con egos y desavenencias que se habían anclado y en nada ayudaban a enfrentar la tormenta.

En medio de la aceptación de muchos y el rechazo de otros, el nuevo capitán llegó a maniobrar un barco que zozobraba y sobre el cual estaban puestos los catalejos de todos los directivos, aficionados y periodistas. Y Rueda, marinero de tantas batallas, fue capaz de rescatar la embarcación y ponerla en aguas más tranquilas rumbo al puerto de Catar. Le ganó 3-0 a Perú en Lima. Empató 2-2 en casa con Argentina. Igualó 1-1 con Bolivia en La Paz. Hizo lo mismo contra Paraguay en Asunción. Derrotó 3-1 a Chile en el Metropolitano e hiló tres empates 0-0 con Uruguay en Montevideo y con Brasil y Ecuador en Barranquilla.

No ha perdido desde que cogió el timón en las eliminatorias. Ha hecho 12 puntos de 24. Colombia ha marcado en esta nueva era suya 10 goles y le han anotado 5. Ya puso en cero su diferencia de goles, un ítem clave. Y lo mejor, tiene a la Selección cuarta en este momento, en zona de clasificación directa al Mundial, a seis juegos de terminar las competencias.

Adicional a los resultados, Rueda pudo encauzar a su mejor marinero, quien rebeldemente había querido navegar por otras aguas. El capitán del barco le puso los puntos sobre las íes al capitán de sus hombres y aquel marinero, finalmente, aterrizó para subirse de nuevo a la nave.

Sin embargo, todo lo que aquel viejo navegante ha conseguido en estos diez meses de trabajo parece no servir. Porque a diario leo y escucho colegas que se manifiestan disgustados porque Rueda ha puesto parcialmente a salvo la embarcación, ‘piratas’ que asaltan la tranquilidad de la nave para lanzar desde un micrófono historias como aquella que el timonel vallecaucano ha convocado de nuevo a su mejor marinero por la presión de patrocinadores. No seamos majaderos.

Si se tratara por el nivel de todos los jugadores convocados a todas las selecciones del mundo, más de uno sobraría. Los técnicos apelan al buen momento de unos jugadores, a la jerarquía de otros, al liderazgo de unos más y al talento de esos pocos que con la camiseta de su selección suelen ser distintos. James se equivocó y ya fue ‘condenado’. Y fui partidario de ello. ¿Pero quién niega que Colombia, carente de generación de juego, lo necesita en este momento? Y eso solo se comprueba convocándolo.

Pero seguimos ensañados. Y bombardeamos a Rueda desde todos lados, como si fuera un ladrón de los mares que se nos llevó el tesoro que nunca hemos tenido. Y llueven cañonazos porque sí y llueven cañonazos porque no. Y somos los de la prensa los mayores artilleros de quien no es nuestro enemigo.

Seamos veedores del juego. Resaltemos lo bueno y critiquemos lo malo que se ve en la cancha. Analicemos en detalle la estrategia del entrenador, los movimientos de los jugadores, la generación de juego, las opciones de gol, los goles mismos. Colombia, es innegable, tiene asignaturas pendientes ahí. Pero en enero este barco estaba al borde del hundimiento total. Vino un viejo navegante a salvarlo y lo está haciendo. Ya levó anclas. Ayudemos al barco a seguir su ruta hacia el puerto adonde todos queremos ir. Hoy, Catar está a la vista. Hace diez meses, la tormenta no dejaba ver en tierra al país árabe./Colprensa

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