Falso poderío

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Colma la paciencia del país esa manida fórmula que tiene el Ejército de Liberación Nacional (Eln) de creer que si causa terror, muerte a civiles y policías y daño a los ecosistemas muestra fortaleza y poderío. Los colombianos tuvieron bastante con la laxitud con que se ha abordado el proceso de paz con esa agrupación, y que se encontraba congelado en Ecuador a la espera del comienzo del quinto ciclo de conversaciones. Ante esta negativa circunstancia, el presidente, Juan Manuel Santos, decidió suspender el comienzo de esta etapa hasta que se vea coherencia entre las palabras de los elenos y sus acciones.

Al Gobierno lo dejó el Eln con sus actuaciones bárbaras sin margen de maniobra para sostener la mesa en el vecino país y solo le quedaba tomar esta determinación y exigir a esa guerrilla cesar toda actividad terrorista como condición para retomar los diálogos. Hay que anotar que en el momento en que se retomen las conversaciones, si sucede, no puede implicar un cese bilateral del fuego como se quiere presionar desde el Comando Central de la agrupación. Al contrario, si algo se demostró en el ejercicio con las Farc fue que solo se dio un cese bilateral, cuando las condiciones estaban dadas para creer en la palabra del grupo guerrillero. En cambio el Eln cada día demuestra que es muy difícil confiar en él.

El jefe del equipo negociador de la mesa por el Gobierno, el barranquillero Gustavo Bell, debe sentir como propia la muerte de los cinco policías en su ciudad, así como los ataques en Soledad y en el sur de Bolívar, que el ministro de Defensa también atribuye al Eln. Por tanto, tendrá razones suficientes para exigir de los elenos el mínimo respeto por el Derecho Internacional Humanitario y la muestra clara de voluntad de paz, cosa que hasta el momento no se ha visto. Se entiende que con el Nobel de Paz obtenido por la firma del acuerdo con las Farc, el presidente Santos se siente en la obligación de buscar salidas negociadas con otras agrupaciones, pero esto no puede implicar que el terrorismo imponga sus condiciones.

Las acciones violentas del Eln, que han sembrado la zozobra en el país, también ayudan a que comprendamos que si bien se firmó un acuerdo con las Farc, no es la paz completa que muchos pregonan. Se deben tener en cuenta las realidades puntuales de regiones y la presencia permanente de otras amenazas, como esta de los elenos, de narcotraficantes, así como el asesinato selectivo de líderes sociales, cuyas muertes no pueden ser olvidadas ni dejar de darles la importancia que merecen.

En un acto que molesta a los colombianos, el Eln sale a exigir del Gobierno más diálogo, pero cómo, si son sus mismos integrantes los que socavan la confianza que se pueda construir con acciones como esta, en la que atacan a colombianos indefensos. Si creen que con bombas van a lograr sus objetivos, los elenos están muy equivocados. La Fuerza Pública debe cumplir la misión de proteger a los ciudadanos y emprender las acciones que permitan desarticular esta agrupación, ahora que es la prioridad, después de las negociaciones con las Farc. No bajar la guardia.

Mención aparte merece el manejo que varios dirigentes políticos hicieron de las imágenes de los policías muertos. No puede ser que el terrorismo, que ataca a todos los colombianos, se use como arma contra los rivales políticos y para sacar provecho electoral. Eso es una vergüenza y demuestra que la política se encuentra en sus épocas más oscuras.

Internacionalista

 

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