DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

La distancia abrumadora y necesaria

99

Por

MARÍA

RODRÍGUEZ

BATISTA

 

El año 2020 pintaba muy bien y nadie sabía el cambio drástico que tendría.  Estaba en la ciudad que me acogió hace 14 años, Santa Marta, y a la que, sin duda alguna, he querido.

Esta ciudad desde pequeña me enamoró por sus playas y paisajes además de estar llena de historia. Pero bueno, no todo puede ser tan maravilloso, y aquí el punto que juega muy en contra: los samarios, o la mayoría de ellos, carecen de cultura y tal vez, de sentido de pertenencia.

Los habitantes de la ciudad dos veces Santa, poco cuidan las calles, pues usualmente están llenas de basura, y, asimismo las playas. La historia fuera otra si los samarios cuidaran su ciudad.

Y precisamente como la ciudad a veces es olvidada, nadie consideraba la posibilidad de que el Covid-19 llegara a este rinconcito mágico (a su modo).

Estaba iniciando quinto semestre, y ese año en las noticias internacionales se hablaba de un virus posiblemente letal, pero como en las películas todo pasa en los países de primer mundo, o, mejor dicho, en Estados Unidos, jamás creí que Colombia, sobre todo, Santa Marta, hiciera parte de eso.

Un sábado me di cuenta de lo equivocada que estaba, que posiblemente había sido muy ingenuo de mi parte, y hasta discriminatorio pensar que no, cuando sí.

Yo tenía miedo, ¿quién no? Ese sábado anunciaron el primer caso, yo me encontraba con uno de los síntomas del temible virus que leía una y otra vez en los medios: tos. Entonces sí, tenía miedo, pero me calmaba el hecho que aún a Santa Marta no llegaba.

También tenía miedo por mi novio que se encontraba en la ciudad de Bogotá, en donde sí había casos confirmados por los medios. Tenía miedo de que se contagiara, y tenía miedo de que se tuviera que quedar sólo tan lejos de su familia y de mí. Ese tema me angustiaba.

Pero fue después de dos semanas que pudo venir a su ciudad natal; luego de aproximadamente 30 casos confirmados y con el anuncio de un decreto en el que se estipulaba cierre de la ciudad, o, en otras palabras: “nadie entra y nadie sale”.

Por otra parte, la gente perdió la cordura, todos entraron en pánico, nadie quería estar cerca de nadie; sin embargo, cuando manifestaron una posible cuarentena, todos salieron de sus casas en busca de víveres para el encierro de lo que según serían dos semanas (en este punto ya éramos muy ilusos).

El alcohol y los tapabocas escasearon, y con ellos el papel higiénico; nunca nadie entendió la razón o siquiera la supo, pero los estantes en los supermercados se encontraban vacíos.

En fin, los casos de contagio aumentaban, y con ellos el pánico. A decir verdad, el Gobierno Nacional no supo cómo manejar la situación en cuanto a los reportes que enviaban y que los medios emitían. En ese tiempo todos queríamos saber el número de contagiados y conocer todos los detalles en cuanto al virus que nos acechaba, pero esto era contraproducente, puesto que podríamos calmarnos si los casos no aumentaban en poco tiempo, pero ese no era el caso, la cifra nunca cesaba.

La incertidumbre era compañera fiel, había tantas hipótesis de cuándo podría terminar la pandemia, pero al final era sólo eso, hipótesis. Hay que mencionar también que muchas personas a causa del encierro desarrollaron ansiedad y depresión.

Ahora, es necesario hablar de todo el personal de salud, quienes sin lugar a dudas se convirtieron en “héroes”, pues además de todos los sacrificios, prácticamente arriesgaban su vida por salvar otras. Y con respecto a esto hay que hacer mención también del descuido hacia el personal médico de parte del Gobierno, puesto que muchos profesionales en el área de salud no tenían las herramientas adecuadas para atender a pacientes contagiados.

Seguidamente, también es menester destacar que muchos centros de salud tampoco se encontraban aptos para prestar un servicio de calidad frente a la crisis que el país atravesaba.

Entonces, el tema de la salud fue muchas veces un disgusto para muchos colombianos.

Para el segundo semestre del año la situación iba mejorando un poco, yo considero que no lo suficiente como para reabrir restaurantes o centros comerciales, pero así fue, por lo que poco a poco las personas salían.

En algunos tiempos la cifra aumentaba y en otros disminuía, pero siempre estaba el riesgo, pues el virus no se había ido, como la gente con su actuar hacía creer.

Cuando llegó diciembre esperaba que fuera un mes para descansar y compartir mucho tiempo con mis familiares a quienes dejé de ver por mucho tiempo y asimismo con mi novio. Sin embargo, el destino me tenía preparado otro plan para este festivo mes.

Días posteriores al 7 de diciembre mis padres dieron positivo para covid-19, de modo que mi hermana menor y yo nos hicimos la prueba dando también positivo al virus. A continuación, tuvimos que cancelar un viaje y avisarles a todas las personas, con las que nos reunimos, la situación que se nos presentó. Nadie dio positivo al virus, hecho que agradecimos.

Los siguientes días fueron de muchos dolores y un cansancio como si hubiese atravesado todo el país a pie, aún acostada sentía un cansancio infernal, además del desánimo de pasar las fiestas encerrada en casa sin poder celebrar junto a los otros seres queridos.

Pero no todo es para siempre, y esta crisis llegó a su fin para finales del mes, así que pudimos esperar el 2021 de manera más alegre y por supuesto saludable.

El 2021 llegó con la noticia de que habría vacuna, la cual ayudaría a que el virus no fuese letal, sin embargo, este seguía presente en el primer semestre de este año, y con esto también continuaban los protocolos y cuidados.

Hoy por hoy, en los últimos meses del año muchas cosas han vuelto a la normalidad: algunos niños van al colegio, los trabajadores hacen su labor de manera presencial, las discotecas y bares abrieron después de casi dos años.

Aún se necesitan cuidados, pero lo que todas las personas sentimos es que la pesadilla acabó y que para el próximo año las cosas volverán a la normalidad, o bueno, a lo que era normal en el 2019. *Estudiante de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Sergio Arboleda.
Notas Relacionadas