DIARIO DEL MAGDALENA
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Realismo climático

El responsable del cambio climático no es el petróleo y el gas. Lo son, los Gases de Efecto Invernadero, GEI, incluido el dióxido de carbono, CO2.

Pero este representa 76% de los GEI y de estos, 40% se origina en el uso del carbón, 31% en el del petróleo y 21% en el del gas. Es decir, el petróleo y el gas están asociados al 39% de los GEI y el 61% restante a otros factores. Por eso, prohibir los hidrocarburos no detendría el cambio climático.

A nivel global, 73% de los GEI están asociados a la generación y uso de energía y 18% a la agricultura, ganadería, deforestación y mal uso de la tierra. En Colombia es diferente: 30% está asociado a energía (11% a la minero-energética) y 55% a las antes señaladas. Los hidrocarburos contribuyen con solo 7% del total de los GEI del país. Colombia, a su turno y como es conocido, aporta alrededor del 0.5% de las emisiones de GEI globales.

Es decir, Colombia y el petróleo y el gas, no son los responsables de la debacle climática. Pero están llamados a cumplir un rol decisivo para detenerla. Con hechos, no retórica. Las empresas privadas del sector lideran 58 proyectos para reducir 250.000 toneladas de CO2 al año y autogenerar 100 MW. Además de ampliar la oferta de energéticos en las estaciones, y de compensar 10 millones de toneladas de C02, con créditos de carbono.

Ecopetrol por su lado lidera seis parques de energía solar, dos de los cuales ya operan, y que generarán 400 MW. Impulsa además la eliminación de gases fugitivos y empezará a producir hidrógeno verde.

Sin perjuicio de la inversión de la industria en protección de cuencas equivalente al 1% de los proyectos de todas las empresas. Y el Gobierno y el Congreso aprobaron que el 5% de las regalías se direccionen a iniciativas ambientales.

Vamos más allá: la transición energética no será posible sin hidrocarburos y minería. Si eso no se entiende no habrá transición. El petróleo seguirá siendo clave en el desarrollo, por los combustibles y otros derivados, como el plástico, sin sustituto, y la generación con eólica y solar necesita del gas natural como respaldo. Y las renovables requieren de muchos minerales, entre ellos el cobre, que Colombia tiene y que pareciera despreciar.

Esta no es una negación del cambio climático ni una defensa miope de los combustibles fósiles. Es un llamado al realismo. Tan grave es el problema como la mentira: creer que la transición se dará de la noche a la mañana. Positivo el compromiso en Glasgow de erradicar la deforestación y reducir emisiones de metano, pero no lo hubo respecto del carbón y el calentamiento. ¿Falta de compromiso? De algunos. Y una dosis de realismo.

La COP26 no fue un fracaso. No respondió a las expectativas, pero no generó sorpresas. Colombia, en cambio, sobresalió. Decidió diversificar más la matriz eléctrica con fuentes eólica y solar, y superará los 2.500 MW de generación con renovables, y consciente que se requiere una acción integral, avanza en la siembra de 180 millones de árboles y hacia la meta de reducir el 51% de los GEI a 2030, comprometiendo a los distintos sectores.

Hay países que podrían hacer más y no lo hacen y otros que quisieran y no pueden; no tienen cómo pagarla. No es fácil ni moralmente aceptable pedirles a los países menos desarrollados que salten al vacío. India decidió masificar el gas como lo hizo Colombia, pues tiene 200 millones de habitantes sin energía y no puede pagar una más costosa. Y hay mil millones de habitantes en la pobreza energética. Si los países desarrollados no se tocan y no aterrizamos en la realidad, la frustración y crisis ambiental serán enormes.

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