San Agatón y el carnaval samario

Una fiesta cristiana muy importante para fortalecer el carnaval samario en el siglo XIX fue la de San Agatón, el segundo patrono del pueblo de Mamatoco.

La tradición de su celebración se perdía en el tiempo y las fiestas en su honor se hacían el sábado anterior al domingo de carnaval, cuando llegaban promeseros de toda la costa Caribe colombiana. Las vísperas eran el viernes y desde entonces comenzaban a llegar los pagadores de mandas o promesas, quienes iban a misa el sábado por la mañana y tomaban ron todo el día.

La procesión de San Agatón no se acompañaba con la música marcial que identifica la tradición cristiana, sino con aires musicales populares como porros o fandangos y por lo tanto su recorrido era un verdadero baile; no solamente bailaban a la imagen, también lo hacían los mismos creyentes y pagadores de manda, quienes además le lanzaban harina y ron y todos querían tocarla. Los cargadores del santo casi siempre iban con sus tragos o literalmente borrachos, de tal manera que estaban cayéndose y por eso se decía: “San Agatón, el santo borrachón”.

Tanto los originarios como los recién llegados se pasaban la noche del viernes, en las vísperas, en vela, nadie dormía, iban de baile en baile, de cumbiamba en cumbiamba, y los cantos populares eran interpretados por todos.

Al amanecer, los repiques de campanas, la música de viento y los cohetes en el atrio de la  iglesia señalaban el día esperado para cumplir la manda y todos se preparaban para los actos religiosos programados, pero el fuerte sonido también servía para despertar al borrachito que estuviera durmiendo ‘la pea’ de las vísperas.

Después había misa y en la tarde la procesión. Al terminar esto, la mayoría de los mamatoqueros se quedaban en su pueblo y unos pocos, en compañía de todos los samarios y gaireros que habían llegado para la fiesta, se iban para Santa Marta donde empezaba el carnaval.

Sería repetitivo insistir – pero vale la pena afirmarlo – en que los samarios podían convertir cualquier hecho sociocultural o político en una fiesta oficial y establecer para ella un programa financiado con recursos provinciales, del cantón, de los mismos ciudadanos o de un hombre pudiente que estuviera dispuesto a sufragar los gastos que acarreaba una fiesta patronal como la de San Agatón. Esta vida social era importante y en su transcurrir la religiosidad popular tuvo un papel fundamental, pues el período festivo era dominado por las celebraciones religiosas.

Lo cierto es que toda la creatividad desplegada en esas fiestas se vio reflejada en los carnavales, ya que muchas danzas y disfraces se trasladaron con sus máscaras al período de carnestolendas y las enriquecieron, tanto que a mediados del siglo XIX una fiesta con carácter de religiosidad popular como la de San Agatón, influyó sustancialmente en el carnaval. Por eso se afirma que el patrono del carnaval es San Agatón. 

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