Poder para hacer

Según una clásica definición, el poder es la probabilidad que se tiene de imponer la propia voluntad dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad. Junto con el conflicto, el poder es un elemento constitutivo de la política. Por el poder se compite, a él se lo adquiere, se lo ejerce y se lo busca mantener e incluso aumentar. Es a través del poder que se provee un orden que busca articular las diferencias de una sociedad. El poder sin duda es algo serio, mismo del que también se dice, no es sólo una aspiración o un deseo largamente acariciado, sino la herramienta más importante para mejorar la vida de la gente, pero al mismo tiempo, el arma más peligrosa en manos de un idiota, de un corrupto o de un incapaz.

 De la misma manera, se afirma con insistencia desde distintas tribunas de opinión, que no puede ser el poder una aspiración vacía, superficial ni insustancial, sino un compromiso por utilizarlo, así como ejercerlo bien y mejor en favor de los gobernados; y, que para obtenerlo, debe existir un compromiso real de servicio para todos, en atención a que una de nuestras más grandes inconsistencias es, sin duda, la gran cantidad de políticos incapaces, poco preparados, que además de soberbios, “sobrados”, deshonestos, corruptos y prepotentes juegan a sentirse más poderosos que aquellos a quienes lamen sin tregua. Igual existen otros quienes amén de traicionar y hacer hasta lo indecible por alcanzarlo, una vez lo obtienen, no saben qué hacer con él. Es hora que nuestra clase política entienda que gobernar no es manipular, inaugurar obras de poca monta, sino algo serio donde está en juego la vida y el patrimonio de gobernados.

El poder debe estar ligado a los ciudadanos, cosido a ellos. No puede estar soportado en vanidades, sino en prioridades, realidades, realizaciones y en la solución de necesidades. Nunca a los peores ni a sus peores motivos, de ahí la necesidad de elegir a los mejores, verdaderos líderes que nos puedan conducir por caminos ciertos a puertos seguros con inspiración y resultados. Que no sólo sean promesas, de las que ya estamos hastiados por ser irrealizables y hasta excéntricas e ilógicas, las cuales no hallan soporte alguno en la realidad ni en el presupuesto, apenas mentiras contumaces y perversas que no deberían encontrar resonancia en ninguna persona por básica o elemental que esta sea.

Necesitamos líderes de verdad, genuinos, inspiradores y auténticos, que digan siempre las verdades. De ahí la importancia que decantemos nuestro voto y lo hagamos útil, lo que me obliga solicitarles encarecidamente que sean cuidadosos con los candidatos, escucharlos y leer sus propuestas, si las tuvieren, con suma atención y comparar. Si perdiéramos otros cuatro años, es mucho sin duda lo que vamos a perder.

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