Y comenzaron los otros carnavales

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Terminaron los carnavales auténticos y comenzaron los plagiados, pero con las campañas políticas. Incluso las letanías, que son perrateadas con todo mundo se convirtieron en las promesas que se saben de memoria.

El asunto es así, un candidato ataca al adversario que se le cruce, gritándole a los cuatro vientos que si apoyan a tal man llevarán al país derecho al castrochavismo y ellos harán de Colombia una segunda Suiza. El Festival de Orquesta ya lo tienen montado, porque si llegan a ganar no dejarán ni el cucayo de la olla donde están todos los contratos y después saldrán con la milonga y los bolsillos llenos, manifestando que ya lo habían advertido.

Y oh gloria inmarcesible, porque dirán que antes de decirlo, ellos tenían ganado el cielo, habían apartado un cupo a la derecha del Señor y al centro de El Mesías y por eso tenían razón y aquel país que ofrecieron solo lo disfrutaran con sus parientes, al puyar el burro de una para allá.

El incauto elector solo lo sabrá poco a poco al ir saboreando con amargura el alza en los pagos de los servicios públicos, el sueldo mínimo por el suelo, la pensión a los 80 años, la educación para atrás y las ganas de votar, bien gracias, porque el próximo gobierno dentro de dos períodos más les resolverá la situación.

Así que ojo con los candidatos que se disfrazan de sirenas para poder cantarles mentiras, esos que aprovechaban una cumbiamba para unirse con el pueblo, que se trepaban en cualquier tarima en los barrios para cantar como los mejores, que brindan chance para que le inflen el ego por todo el camino y si no conocen al posible votante, convence a este de que es la solución, que un Congo de Oro le queda chiquito por las interpretaciones que hace.

Aunque suele suceder casos raros, son ellos los que piden el aventón como le sucedió a unos recién casados, cuando al acercarse al acercar su vehículo al anden un candidato a corporación aprovechó para subirse diciendo como cualquier “liso” que se respete que lo llevara a 15 cuadras de ahí en donde vivía. La pareja sorprendida por el tipo le hizo el favor y una vez en ese sitio, el man les preguntó, con cara de marimonda ”¿Y ustedes en donde viven? “ El conductor harto de la viveza del otro le respondió:

-Precisamente habíamos llegado a nuestra casa cuando subiste al carro.

Arquitecto

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