Modificar cupos indicativos

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En Colombia estamos viviendo una crisis de legitimidad en el componente representativo del sistema democrático que nos rige, que se ha ido agravando con las manifestaciones que se conocen del fenómeno de la corrupción y que compromete a las tres ramas del poder público. El panorama que estamos presenciando es muy parecido -lo hemos dicho en otras columnas- al que asistió Venezuela en la década del 90, que determinó la caída de Carlos A. Pérez, la aparición de Hugo Chávez y su posterior elección como presidente de la república. De todos es conocido que el remedio resultó peor que la enfermedad en los distintos ámbitos de la vida de la hermana República, en la que el autoritarismo y la anarquía en la que cayó condujeron al colapso de las instituciones democráticas.

Algo muy parecido fue lo que ocurrió en la Europa de los años 20 del siglo pasado y que propició el surgimiento de los regímenes totalitarios de Italia y Alemania. Esas lecciones de la historia nos demuestran que los pueblos cuando están desesperados se desorientan y, en medio de las angustias colectivas, los ciudadanos pueden tomar cualquier decisión, sin suficiente raciocinio, para “castigar” a quienes consideran responsables de la mala conducción del Estado.

Ese escenario abona el terreno para la irrupción del populismo que busca, con promesas vacuas y expectativas incumplibles, llenar de esperanza a los sectores más vulnerables de la sociedad.

Esperamos que esa experiencia fallida no se repita en Colombia. Por ello en las elecciones del próximo 11 de marzo debemos de hacer el esfuerzo de elegir a los mejores aspirantes de todos los partidos con asiento en el Congreso con el encargo de construir una nueva relación con el Ejecutivo, basada en el respeto mutuo, la independencia de los poderes y su colaboración armónica, abandonando prácticas como la de los “cupos indicativos”, o modificando el procedimiento de su asignación. El nuevo Congreso tiene esa ingente responsabilidad.

DE LOS ABUCHEOS

En los últimos días hemos visto que se han presentado abucheos contra el jefe de la Farc en Armenia y Cali, por lo que la Farc suspendió la campaña para solicitar garantías. El abucheo, como bien se ha dicho, es una especie de sanción social que expresa rechazo e inconformidad y ello no es nuevo entre nosotros. Recientemente abuchearon a Horacio Serpa en Bucaramanga; también lo han hecho con el candidato Germán Vargas y el senador Antonio Navarro, entre otros.

El abucheo ha sido una especie de protesta sin consecuencias; pero hay que evitar a todo trance que del abucheo se pase a la agresión personal que puede generar situaciones de orden público inmanejables en el desarrollo de la campaña. Hay que propugnar por un pacto de no agresión entre los adherentes de los aspirantes y propiciar la controversia civilizada. La esencia del sistema democrático es el debate entre ideas y puntos de vista diferentes sin apelar a vías de hecho para descalificar al contendor. No nos queremos imaginar esos abucheos en estado de alicoramiento.

 

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