“La sospechosa”

 

Quiero empezar este escrito haciendo esta pregunta: ¿qué hay detrás de un “usted es la sospechosa” de haber cometido un delito sin razones o argumentos de peso, sino un acto de discriminación por ser una mujer negra, cuando esta afirmación no viene de una autoridad judicial?

Esto fue lo que sucedió conmigo el pasado martes 13 de febrero cuando estaba en calidad de periodista cubriendo la conferencia inaugural de la Universidad del Rosario, que curiosamente, se tituló ‘Ética pública: responsabilidad de todos’. Allí fui acusada, sin ninguna prueba, de ser la única “sospechosa” de haber robado la maleta de uno de los conferencistas invitados a dicho evento, al que asistieron cientos de personas.

Lo curioso del hecho, es que como dije anteriormente, solo a mí me pidieron mostrar las pertenencias para verificar que una de las dos maletas que tenía conmigo no era la que se habían robado, bajo el simple argumento de que era “la sospechosa”. Uno de los bolsos era de la fotógrafa que me acompañó al cubrimiento.

Esta solicitud fue hecha inicialmente por una funcionaria de la universidad acompañada de un hombre de seguridad. La señora, se acercó al sitio donde estuve ubicada desde que llegué al Cubo de Colsubsidio, donde fue el evento, y me preguntó si ambas maletas eran mías. Yo, siendo consciente del tono de la pregunta, le contesté que sí y le contrapregunté sobre el porqué de la duda. Ella me respondió que lo hacía debido a que se había perdido un bolso. Inmediatamente le cuestioné por qué solo me hacía el requerimiento a mí y no a las cientos de personas que estaban alrededor. No me contestó nada.

Me dispuse a trabajar pensando que era un malentendido y que con mi respuesta el tema quedaría allí. Me equivoqué. Al minuto estaba rodeada de 6 personas más entre los que se encontraban el conferencista (porque alguien de la universidad le aseguró que yo tenía su bolso y él lo quería verificar), varios funcionarios de la universidad y personal de seguridad.

Rodeada como delincuente, los funcionarios me exigían que les mostrara el bolso de la fotógrafa, que estaba mi lado, y tenía alrededor mis cosas de trabajo y chaqueta. Me negué por las siguientes razones: no entendía por qué solo a mí me hacían tal petición y porque los únicos autorizados para hacer requisas son los agentes de la Policía. Ambas razones las expresé. El personal solo me reiteraba que era “la sopechosa”, pero ninguno me dijo los motivos por los que yo había sido catalogada de esta manera habiendo tantas personas en el recinto, pese a que se los demandé en varias ocasiones.

A todos los que me rodearon les parecía simple el hecho de que yo dejara que me requisaran, pero no es así porque me estaban prejuzgando y acusando de robo delante de todo un auditorio, sin tener razones válidas para hacerlo debido a que me mantuve alrededor del mismo sitio y jamás me acerqué al conferencista durante el tiempo que estuve en el evento. El hecho fue tan humillante que el mismo conferencista intentó tocar mis pertenencias.

En un momento, un funcionario de la universidad me preguntó por qué estaba allí. Yo le respondí que era periodista y que además recientemente me había graduado de una maestría de la Universidad del Rosario. Me exigieron que le mostrara mis credenciales y así lo hice. Ante esto, el hombre me preguntó por la acreditación del evento y yo le respondí que no me habían entregado nada por ser prensa y que la entrada no era restringida. El individuo me dijo que el ingreso no era libre e insinuó que tanto mi carné de prensa como el de la universidad eran falsos. Mi respuesta fue que sus argumentos no tenían sentido porque para robar un bolso no necesitaba falsificar nada y de haber cometido el hurto, ya habría salido del recinto.

Todo llegó a su fin cuando la fotógrafa salió para subir las imágenes del evento al sistema y tuvo que tomar su bolso. En ese instante los funcionarios se dieron cuenta que evidentemente la maleta que buscaban no la tenía en mi poder. Uno de ellos, me dijo: “era tan fácil dejarte requisar”. Todos se fueron y no obtuve ni siquiera una disculpa.

Aquí hago otras preguntas: ¿era tan fácil dejarme requisar bajo el argumento de ser la única “sospechosa” de robo en un recinto con cientos de personas? ¿Hay alguna razón distinta a la discriminación por mi aspecto físico que les permitió concluir que yo era quien podía haber robado la maleta? Mi conclusión es que no, porque nadie supo explicar los motivos de tal acusación y naturalizaron que yo, una mujer negra, sentada en la entrada del recinto, era “la sospechosa”.

Ante esta actuación ya estoy adelantando acciones legales y he notificado a las autoridades correspondientes porque estoy convencida de que este tipo de acciones, por pequeñas que les pueda parecer a algunos, hacen la diferencia y son las que promueven el cambio social que necesitamos.

Periodista de Colprensa.

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