La alianza, hoy más que nunca

Estas elecciones parlamentarias son la verdadera primera vuelta de las presidenciales. Unas presidenciales que serán, además, las más importantes de los últimos 50 años. Por primera vez en décadas está en cuestión el modelo de democracia y economía que queremos. Nos jugamos el futuro.

Es clara una tendencia de estas presidenciales de no ser unas típicas entre gobierno y oposición, sino unas entre “sistema y antisistema”, para describirlas de manera sencilla. En las elecciones entre el gobierno y la oposición, las posiciones políticas son claras. Santos de un lado y del otro un grupo liderado por Uribe. Ni el Polo ni los Verdes han sido oposición. Hicieron parte del gobierno de Santos con sendos ministerios, votaron en el Congreso la mayoría de sus iniciativas, y ambas son copartícipes, además, del conejazo al plebiscito. La única oposición real a Santos ha sido el Centro Democrático.

En las elecciones “sistema – antisistema” se pone del mismo lado a Santos y a todos quienes nos le oponemos. Y en lugar de hacer cambios que mejoren la estructura y la dinámica de la democracia y la economía, en lugar de hacer reformas, se propone un nuevo modelo político y económico. Hacia allá tienden estas elecciones. Fajardo basa su discurso en sostener que Santos y Uribe son lo mismo. Que sean las antípodas le es indiferente. El problema de Fajardo es que la izquierda lo percibe tibio y gaseoso y, en consecuencia, más allá de las decisiones de sus colectividades, empieza a moverse, gradualmente pero de manera sostenida, hacia Petro. De continuar la tendencia, y no hay razón para que no siga, la candidatura de Fajardo seguirá desinflándose y el grueso de esa cauda irá donde Petro.

Petro, además, recoge todos los votos de la izquierda más dura, que sabe que ni Timochenko ni Piedad tienen chance alguno y que, en todo caso, el ex alcalde es de los suyos. Petro no propone cambios o reformas. Propone, sin usar esa palabra porque sabe que asusta, la revolución. Un vuelco total del modelo político y económico para encaminarnos al socialismo. Aunque ahora dice tomar distancia, su simpatía siempre ha estado con Chávez, su íntimo amigo, y con la revolución boliviariana. Petro no es un inflado de las encuestas, es una realidad. Y a esa realidad terminarán pegados los que hoy están con Fajardo, De la Calle y el santismo, so pretexto de defender el pacto con las Farc.

Y frente a esa realidad no cabe sino la superación de egos, vanidades y expectativas personales, el entender que más allá de diferencias hay un acuerdo sobre lo fundamental que significan la democracia republicana y la economía de mercado y el peligro inconmensurable del socialismo. No podemos cometer los errores de la oposición venezolana. Están en juego vida, libertades, bienes y derechos. Hoy la gran alianza republicana, ampliada más allá de la coalición del ‘no’, es más necesaria que nunca. ¡La patria está primero!

Abogado y analista político

 

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