El empalme no es un juicio de residencia

Durante la colonia existía la figura de los juicios de residencia. Cuando un alto funcionario iba a dejar el cargo se le sometía a un duro proceso judicial que, a menudo, llegaba hasta el embargo de sus bienes, cauciones, y podía inclusive conducir a la prisión o a la prohibición de retornar a la metrópoli si no lograba obtener el finiquito de su gestión por los celosos fiscales de la corona.

El empalme entre la administración saliente y la entrante no es un juicio de residencia. Se trata de espacios donde los que terminan les informan a los entrantes sobre el balance de sus gestiones y ponen en sus manos los archivos más relevantes para que pueda proseguir la administración pública con el menor traumatismo posible.

He conocido los informes que la administración Duque viene poniendo a disposición de los delegados por el presidente Petro para el empalme en los diversos ministerios y agencias. Se trata de completos documentos que, entre otras cosas, pueden ser consultados por cualquier ciudadano en las páginas web de los ministerios.

Estos informes han venido acompañados, además, por largas reuniones presenciales como hemos podido constatarlo por los medios de comunicación.

Hasta donde llega mi memoria, no había habido en mucho tiempo un proceso de empalme tan documentado como el que está teniendo lugar en estos momentos en Colombia.

Pero así como las reuniones de empalme no son juicios de residencia del estilo de los que se practicaban en los tiempos españoles, tampoco deben entenderse como espacios para que los entrantes le impartan órdenes a los salientes. Ya tendrán ocasión de mandar en pocos días. Son, como se ha dicho, ámbitos de información y no más.

Todas estas reflexiones se me vienen a la cabeza al conocer lo que ha sucedido en el Dane. Su diligente director, el doctor Oviedo, a quien inclusive parece que el presidente electo le había solicitado que continuara en el cargo, se sintió molesto durante el empalme porque en un momento dado entendió que le estaban dando “órdenes” sobre cómo debía manejar asuntos relacionados con el catastro multipropósito.

Resolvió entonces declinar la invitación que había recibido para continuar dirigiendo el Departamento de las estadísticas. De alguna manera sintió, dice él, que se estaba vulnerando la independencia que debe rodear la labor del Dane. Lo que presintió como un mal preámbulo de lo que podría seguir hacia adelante.

De la misma manera que sucede con el Banco de la República, el Dane no es un mero apéndice en la organización del gobierno central. Son entidades independientes uno y otra. Y esa autonomía deben respetársela los gobiernos de turno desde un comienzo. Es decir, desde el empalme. Por eso se habla, inclusive, de la magistratura monetaria y de la magistratura estadística que deben quedar alejadas de todo capricho de los gobiernos por las delicadas funciones que cumplen. La teoría constitucional habla que son “entes constitucionales autónomos”.

Si el gobierno Petro tiene una idea distinta de la manera como debe levantarse el catastro multipropósito bien puede cambiar las normas y reglamentos que rigen este delicado y crucial instrumento una vez que empiece su mandato el 7 de agosto. Pero no es durante una reunión de empalme que debe modificar la orientación del catastro mediante “órdenes” a un director que, por lo demás, venía colaborando de manera eficiente.

Lo anterior no justifica tampoco las atropelladas licitaciones ni los atornillamientos abusivos de amigos que el gobierno saliente viene haciendo en juntas como Ecopetrol.

Cada cosa tiene su tiempo y su modo. Y en esta ocasión parece que ni lo uno ni lo otro se respetó por los empalmadores de la nueva administración, ni por los apresurados funcionarios salientes a los que les dio por correr inexplicablemente: el gobierno saliente indelicado y el entrante desenfocado.

*Exministro de Estado.