Choque de trenes: batalla comercial

La razón de ser de la Organización Mundial del Comercio (OMC) es la primera damnificada con las jugadas proteccionistas de los Estados Unidos y la China, con las que se dio comienzo a la llamada guerra comercial entre las dos potencias, una situación que genera gran incertidumbre y que podría provocar una profunda recesión de la economía mundial, como lo advierten diversos organismos internacionales.

 

Es evidente que al presidente estadounidense, Donald Trump, le disgusta el multilateralismo y que difícilmente atenderá llamados a la cordura, pero la respuesta de China, que también ignora la mediación de la OMC, señala un camino peligroso deconsecuencias imprevistas.

 

Hoy el panorama es que el país norteamericano le impuso al gigante asiático (y a otros países) aranceles al acero y aluminio que venden en el mercado estadounidense, así como a multiplicidad de productos chinos, por supuestas violaciones de propiedad intelectual. Ahora el gigante asiático responde con impuestos entre el 15% y el 25% a las importaciones de 128 bienes originarios de Estados Unidos. Esta es una primera batalla, cuyos efectos empiezan a sentirse en las bolsas, en los precios del petróleo y hasta en el comportamiento de dólar frente a las demás monedas del mundo.

 

Aunque el gobierno de Xi Jinping inicialmente acudió a la OMC en búsqueda de mediación ante las arbitrarias medidas estadounidenses, su reacción final muestra que la pelea es ahora directa. Ambos están infringiendo normas de la organización internacional.

 

Este pulso económico de Trump también apunta hacia Europa, y el mercado de vehículos parece ser el próximo objetivo. Convencido de que “las guerras comerciales son buenas”, el mandatario estadounidense no parece tener freno en las decisiones que apuntan a fortalecer el aparato productivo interno, pasando por encima de los acuerdos comerciales firmados con el resto del mundo. Es en este punto en el que pactos como el TLC con Colombia podrían terminar desechados, como es su intención con el Nafta que involucra a Canadá y México. Así, asestaría un gran golpe a nuestras exportaciones, donde el principal comprador es precisamente Estados Unidos.

 

Lo que está ocurriendo es totalmente incompatible con una economía mundial que es hoy tan interdependiente como nunca antes en la historia. Si en el pasado los modelos proteccionistas dejaron resultados negativos en las economías, las consecuencias de hoy podrían ser nefastas en el ámbito global. Por esto es importante que se agoten las vías diplomáticas y la intervención de todas las potencias con el propósito de frenar el capricho del actual líder de la Casa Blanca, quien no parece tener freno en sus ambiciones de llevar al extremo su eslogan de “América primero”.

 

Paradójicamente el primer efecto de estas medidas podría ser un sobrecosto de los artículos chinos en los Estados Unidos, lo que golpearía a los consumidores de ese país.

 

Hay que seguir con atención el desarrollo de esta primera batalla comercial, y esperar que solo sea un forcejeo inicial que conduzca a negociaciones sensatas. Como nuestro país tiene importantes relaciones comerciales con ambas potencias (el 27,9% de nuestras exportaciones van a Estados Unidos y el 5,3% a China) lo ideal es que se desescale este conflicto, y se consolide cada vez un mercado más abierto que les permita a nuestros productores llegar a mercados múltiples, sin restricciones.

 

* Internacionalista.

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