Populismo, enfermedad grave

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El vocablo populismo no tiene un significado unívoco. Bajo su denominación aparecen movimientos populares y tendencias políticas de signo diverso y hasta contradictorio, que utiliza en veces fundamentos teóricos como lógica de acción política, siendo insuficiente, especialmente su ambigüedad político-ideológica o programática. María Moliner, en forma sencilla lo define como la doctrina política que pretende defender los intereses de la gente corriente, a veces demagógicamente.

Una sociedad que se respeta, debe siempre mirar más allá de sus fronteras, enterarse de los procesos políticos en otras latitudes, estudiar la dinámica de sus economías, deliberar sobre los beneficios que se pueden aprender de otros modelos y procesos históricos. Digo esto a la luz del populismo que estamos padeciendo, que considero no es bueno, ya que ni siquiera en nuestro caso significan beneficios inmediatos. El populismo es insostenible para amplios sectores de la sociedad, lo mismo que para el crecimiento de la infraestructura social y urbana. Es a la postre, un proyecto económico y social de fracaso que pone en peligro la solvencia de los territorios.

Antes que populismos baratos, que terminan en fracaso y desencanto, lo mismo que truncan la opción por proyectos modernizadores, de apertura y dejan una cuantiosa cuenta de débito a los gobiernos sucesivos que deben asumir el costo social generado por los excesos dejados, casi siempre insustanciales, requerimos gobiernos que entiendan que la vía es adentrase en los senderos de la apertura económica, la competitividad y el crecimiento sostenido.

Los populismos traducen incertidumbre política, social y económica, genera sólo ilusiones y falsas expectativas, amenaza pobreza y cierra los horizontes de progreso. Es espejismo que se desvanece en forma acelerada, seguido de crear expectativas de un cambio radical por la vía institucional, de lo que luego se da cuenta la base societaria al entender que sueños y buenos discursos no bastan para consolidar reformas de fondo.

Todo populismo es deformador de la realidad, es una grave enfermedad que marchita las democracias, promueve el proteccionismo y demuestra hasta la saciedad que el ropaje del que se vale y la independencia que pretende demostrar no garantiza para nada un gobierno eficaz. El populismo lo estamos viviendo en nuestra ciudad y departamento, es una amenaza real dados los elevados costos que tarde o temprano hay que pagar, consideraciones que debe entender la ciudadanía, hacerlas parte de la cotidianidad, de la conversación pública, así como servir para informar y definir nuestras decisiones políticas y electorales, para no seguir cayendo cual masa de incautos en cantos de sirenas, bajo el panorama por igual,propiciado por los derechistas e izquierdistas a nivel nacional con claras repercusiones en lo local; por ello, la opción del centro sigue ganando espacio para las elecciones presidenciales. [email protected] 

Jurista

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