“El deporte es como la vida, está lleno de retos”

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El tolimense Juan Carlos Andrade le contó los motivos que lo llevaron a participar en una de las competencias atléticas más exigentes del planeta.

Para convertirse en el tercer Ultraman de la historia de Colombia, el ibaguereño Juan Carlos Andrade tuvo que levantarse a entrenar todos los días desde las cuatro de la mañana. Luego se iba a trabajar, y continuaba con su rutina de acondicionamiento en las dos horas de almuerzo, antes de retomar labores en su oficina para después culminar su preparación en la noche.

Apenas dormía un par de horas. Era un proceso diario totalmente agotador. Sin embargo, lo hacía porque era un sueño que deseaba cumplir, a pesar de que lo llamaran loco. Por eso, cuando cumplió dicho objetivo, celebró a rabiar su conquista.

Ese título que ostenta desde el pasado 18 de febrero haría pensar a cualquiera que ‘Pepe’, como lo conocen sus amigos, es un atleta de alto rendimiento, que toda su vida ha estado ligado a la actividad física competitiva.

 

TRANSFORMACIÓN

Sin embargo, no es así. Desde niño practicó el fútbol, pero en 1988, cuando se marchó para Bogotá con el objetivo de adelantar sus estudios, dejó de hacerlo al sufrir rotura de ligamento cruzado anterior en una de sus rodillas.

Para su proceso de recuperación, un médico le recomendó conseguir una bicicleta. Lo hizo, empezó a montar, pero en esa época (así como ahora) se disparó el robo de los ‘caballitos de acero’, y por lo tanto desistió de continuar.

Esta decisión lo alejó por completo del ejercicio. Aumentó de peso y se convirtió en un hombre sedentario, hasta que un amigo lo invitó a participar en una carrera de 10 kilómetros, a pesar de desconocer el ‘running’.

“No sé porqué acepté. Yo pesaba 95 kilos. Ese día, casi me muero. Por eso decidí desempolvar una elíptica que tenía guardada en la casa. Con eso me ayudé un poco, pues un par de meses después corrí en otro certamen 10K. Esa vez no me fue tan mal, y me quedó gustando”.

 

DE 10K A ULTRAMAN

Después de esas dos exigentes carreras, que le tocaron realmente fibras a ‘Pepe’, le dijo a su amigo que deseaba asistir a una prueba de Maratón. “Usted está loco. Eso me respondió mi compañero. Me dijo que eran 42 kilómetros, y le contesté que si uno podía correr 10, por qué no podía hacer los 42.

Lo convencí de ir al Maratón de Chicago. Corríamos un día para prepararnos, y no nos podíamos mover durante tres por los dolores. Buscamos ayuda con Edwin Vargas (equipo GoodWill Runners), que es un experto en el tema, nos programó un entreno dirigido, bajamos de peso y así arrancó esta etapa de mi vida, colmada de retos”, refirió el tolimense.

Y agregó: “En Chicago me tomé una pastilla para evitar dolores, pero me hizo daño, casi renuncio, pero logré acabar el evento después de cinco horas y media. Mientras me reponía de ese esfuerzo monumental, le dije a mi amigo que quería hacer el Ironman. Nuevamente me tildó de demente”.

Y la locura se transformó en realidad en 2013, para luego dar el paso a un gigante anhelo: cruzar la línea de meta del Ultraman, una de las pruebas atléticas más exigentes del planeta, toda vez que debía recorrer 515 kilómetros en tres días.

Y el ibaguereño lo hizo. Primero, tuvo que cumplir con 10 kilómetros de natación en menos de seis horas y posteriormente 144 kms en bicicleta, sin superar ese mismo tiempo. Después debió montarse de nuevo en su ‘caballito de acero’ para pedalear un total de 273 kilómetros, antes de cumplir con la última parte del Ultraman: dos maratones (84,3 kms) antes de 12 horas. Parecía imposible, pero lo logró.

 

SACRIFICIO

“Es complejo poder entrenar para eventos tan exigentes. Yo me levanto muy temprano. Al comienzo, despertarme a las 6 a.m. era mortal, pero ahora lo hago desde las 4 cuando monto bicicleta, y a las 5 cuando es para nadar o correr”, contó Juan Carlos Andrade.

“Yo duermo apenas entre cinco y seis horas. No es fácil este ritmo de vida. El fin de semana intento descansar, pero de igual manera aprovecho para entrenar. Lo realmente duro fue prepararme para el Ultraman.

“Para un Ironman entreno tres horas al día, pero para el Ultraman fueron seis horas. Había una meta enorme por delante, y eso me daba fuerzas. El deporte es como la vida, está lleno de retos, los cuales te impulsan a exigirte”, agregó.

 

OBJETIVO EN LA MIRA

Tras el Ultraman, la cual había anunciado que sería su última competencia de este tipo de alto nivel, dijo que su siguiente reto es el Mundial de Ironman en 2021.

“Llegar al Mundial es algo muy complejo, porque este deporte es una actividad diaria complementaria de mi vida, pues la mayor parte del tiempo la dedico al trabajo”, aseguró el ingeniero de sistemas, quien desde hace tres años es Vicepresidente de Procesos del Grupo Aval.

No obstante, asegura que “uno se va volviendo exigente, y cada vez se desea más, demostrar que el cuerpo puede hacer cosas que antes eran impensables. Cualquier cosa que uno se propone, significa sacrificios y esfuerzos, pero si uno persevera y se prepara, todo se puede conseguir. Se falla en ocasiones, no se cumplen las metas, te estrellas, pero eso es gasolina para volver a intentarlo”, afirmó ‘Pepe’.

 

SIN FECHA DE VENCIMIENTO

“Tengo 46 años y no he pensado en una edad para el retiro, porque en cada competencia siento que en la próxima puedo dar mucho más. Dije que con el Ultraman paraba todo, pero en el deporte siempre habrán nuevos retos.

Es como en el estudio, uno se gradúa y no quiere volver a saber de clases, pero al ver que deseas escalar, necesitar seguir.“El deporte me tranquiliza para llegar a la oficina como nuevo, con la mente abierta para buscar soluciones a las problemáticas diarias laborales. Esta es una medicina, el deporte lo es y cualquiera la puede consumir para sentirse mejor”, comentó el atleta.

Su reto más cercano es un torneo de triatlón en San Andrés. “Uno siempre debe tener metas para cumplir a corto plazo, para no dilatar los propósitos lejanos. Eso impulsa a levantarse todos los días con energía. La pereza es un terrible enemigo, pero todos tenemos la capacidad de resistir y no darnos por vencidos. Eso hago yo, estoy feliz y me siento realmente vivo para continuar con mis locuras”.Ibagué El Nuevo Día.

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