El ‘maquillaje’ castrista

Cuba busca engañar por estos días a la comunidad internacional con el cambio de Presidente, tras el retiro del octogenario general Raúl Castro quien le entregó la presidencia a Miguel Díaz-Canel, un civil casi 30 años menor comprometido que él y a quien llaman ´hijo de la revolución´ para que continúe el legado de sus antecesores.

En su primer discurso como gobernante ante la Asamblea Nacional, el títere del régimen castrista aseguró que Cuba seguirá siendo “verdeolivo”, y que tendrá a Raúl como guía, en una señal hacia el ala dura revolucionaria de militares históricos, más reacia a sacrificar el legado socialista bajo la espada de las reformas.

“El mandato dado por el pueblo a esta legislatura es dar continuidad a la revolución cubana en un momento histórico crucial, que estará marcado por todo lo que debemos avanzar en la actualización del modelo económico”, dijo tras conocer el resultado de la votación en la Asamblea.

Para el nuevo presidente, su antecesor Raúl Castro, quien permanece como líder del gobernante Partido Comunista (PCC, único) hasta 2021, “encabezará las decisiones de mayor trascendencia”.  O sea que seguirá gobernando en cuerpo ajeno

El cambio de mando no es más que una pantomima donde Raúl Castro tras alzar el brazo izquierdo de su sucesor, dejó su asiento en la mesa principal del Palacio de las Convenciones de La Habana, el que fue inmediatamente ocupado por Díaz-Canel. Al lado permaneció la silla vacía de Fidel Castro, fallecido en 2016.

El nuevo presidente, que cumple 58 años hoy viernes, tendrá que mantener el equilibrio entre la reforma y el respeto a los principios revolucionarios, pero deberá esforzarse por actualizar el modelo económico, un proyecto iniciado por Raúl Castro con sabor a frustración..

A nivel diplomático, lidiará con el recrudecimiento del bloqueo que Estados Unidos le aplica desde 1962. Este endureció con la llegada de Donald Trump al poder, quien dio marcha atrás al acercamiento de finales de 2014.

Sabido es que los cambios en la isla han sido tímidos y no han conseguido reactivar una economía altamente dependiente de las importaciones y de su aliada Venezuela, sumida en una crisis. Díaz-Canel insistió en la consigna de que habrá que “cambiar todo lo que tenga que ser cambiado”, sin ahondar en lo que el mundo espera que suceda en la isla: democracia, respeto por las libertades, los derechos humanos, libertad para los presos políticos y una apertura total.

Con razón el exilio cubano duda que el sucesor de los Castro llegue para cumplir con las aspiraciones del pueblo. El ´maquillaje´  de una transición fue apenas un paso institucional y burocrático establecido dentro de las jerarquías del poder cubano.

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