La triste paz

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Durante años desde este espacio he defendido el derecho de los colombianos a vivir en un país en paz.

Pero para entender que hayamos vivido en guerra 70 años y que tengamos la posibilidad de construir una sociedad más equitativa y justa es necesario comprender las razones históricas que iniciaron el conflicto y que lo mantuvieron vivo por tantas décadas.

La pobreza, la falta de oportunidades y la concentración de la riqueza son razones poderosas que explican los inicios de las guerrillas que con un fundamento marxista querían luchar por oportunidades para esa población, a la que se le ha negado históricamente el derecho a vivir con dignidad. Pero las luchas armadas se desfiguran y por eso llegaron el narcotráfico, los secuestros masivos, las matanzas y el terror.

Pero ¿qué alimentó la guerra desde la institucionalidad? La falta de un Estado que garantizara a los ciudadanos equidad en las oportunidades. Educación y salud. Carreteras e infraestructura. Acceso a los mercados, derechos financieros, civiles y políticos. Pero quizá la gran falencia fue un grupo de gobernantes que por generaciones se han creído con el derecho de apropiarse de los recursos del Estado. Sin recursos y con una clase dirigente que por décadas se dedicó a aprovecharse de la información privilegiada para acceder a licitaciones, proyectos de inversión y quedarse así con una tajada de la torta, el caldo de cultivo se convirtió en un gran sancocho.

Hacer la paz era una responsabilidad histórica. Durante cuatro años estuve como funcionaria en el territorio con las víctimas y con los victimarios.

Me colgué la paloma que muchos usaron como símbolo de cambio y de inspiración.

Se me escurrieron las lágrimas cuando la paz perdió el plebiscito y no entendí cómo hicieron para convertir un no en un sí en cuestión de días.

Ahora salieron con nos que los dineros para construir la paz no se han implementado y que los recursos que estaban destinados para la generación de proyectos productivos de las comunidades y de los ex combatientes están en veremos. Recuerdo que en el Putumayo, en la zona veredal donde estaba Romaña, conocí un proyecto al que le estaban metiendo todo el impulso. Se trataba de “Huellas de Paz”, una fábrica de sandalias en medio de la selva. Romaña me preguntó que cómo podía el Sena ayudar a tener un plan de negocios que le permitiera vender cinco mil pares. No era difícil hacerlo. Era cuestión de coordinar y articular.

Por eso a estas alturas y en pleno debate electoral lo que sí es difícil es explicar que lo que se iba a usar para esos planes de negocio presuntamente se estaba esfumando en coimas, asesorías y una gran ineficiencia. Da grima ver cómo los esfuerzos de tantos funcionarios que se recorren el país tratando de construir la paz no sirve para mucho en la medida en que los líderes de un lado y del otro la ven más que como una oportunidad de construcción y cambio histórico, como un negocio del cual ellos, sus familiares y amigos se pueden lucrar.

Creo que hay un elemento adicional que alimenta a la corrupción y se llama ineptitud. Tener equipos ineptos es muy costoso y si son ladrones, peor.

ExDirectora del Sena

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