Paz, coca y Farc

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Marlon Marín, sobrino de Iván Márquez, capturado en la operación contra Santrich, negoció con los Estados Unidos y hoy es testigo protegido. Tiene información sobre la participación en narcotráfico de otros miembros de la cúpula de las Farc y sobre el entramado de corrupción que hay entre amigos del Gobierno y de esa organización guerrillera en torno a la implementación de la “paz”.

Casi de inmediato su tío, el comandante, anunció que se trasladaba a la zona de desmovilización de Caquetá. De acuerdo con la prensa, Márquez sostuvo que Santrich le advirtió que el “próximo capturado sería él”. Márquez huyó en las narices del gobierno Santos.

Mientras tanto, Erna Solberg, primera ministra de Noruega, visitaba Colombia. Una parte de su agenda se desarrolló bajo el absoluto silencio de los dos gobiernos. Pero no contaban con que dos comandantes, Alape y Sandino, contarían en sendos trinos que se reunieron con Solberg y habrían discutido con ella la captura de Santrich, de la que ya estaban advertidos por cuenta de un soplón exguerrillero que hace parte de la Unidad Nacional de Protección, que a su vez recibió la información de un coronel retirado de la Policía.

¿Si la captura de Santrich no se hubiera acelerado, habría viajado a Noruega? ¿O la conversación sobre los probados vínculos del comandante con el narcotráfico solo avergonzó a Solberg, cuyo gobierno premió a Santos con un Nobel por una paz que no existe y por un pacto de impunidad con una organización metida hasta el cuello en el narcotráfico?

Unos días después, tras el asesinato de tres periodistas por una supuesta “disidencia” de las Farc, el presidente del Ecuador, suspendía el papel de su país como sede del diálogo con el Eln y se preguntaba si en realidad las Farc habían dejado el narcotráfico.

Una vez más se demuestra que el narcotráfico es el centro de gravedad de la violencia en Colombia. Y que si no se resuelve, la “paz” no será posible. El narcotráfico es una plaga que exige soluciones drásticas, no pañitos de agua tibia ni actitudes complacientes. El pacto con las Farc no solo no resuelve el problema sino que lo estimula a través de un conjunto de incentivos perversos que deben desmontarse.

La situación solo contribuye al crecimiento exponencial del problema. El mar de coca no es solo deforestación, daño ambiental y cifras como nunca antes de hectáreas cultivadas. Es el daño a nuestra economía por la revaluación del peso, el contrabando, el lavado de activos y el desmoronamiento de nuestra industria.

Es la imposibilidad de encontrar mano de obra para el café, porque la tarea de recolección del grano es similar a la de los raspachines. Es la tragedia que hay detrás de cada uno de los episodios de corrupción y violencia que hemos vivido en estas dos últimas semanas.

Abogado y analista político

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