A refundar los partidos

Colombia vive en la coyuntura actual una terrible confusión. Nada se sabe con seguridad, empezando por los resultados de la campaña presidencial. En privado los uribistas han confesado que, si no ganan en primera vuelta, perderán la presidencia y lo que es absolutamente claro, a menos que suceda un milagro, es que habrá segunda vuelta y que entonces pueden darse sorpresas. Pero lo que sí es evidente para todos, es que si se quiere de verdad reconstruir la débil democracia colombiana, es fundamental refundar los partidos políticos. Tal vez no se había vivido en la historia reciente de Colombia, un deterioro de tal magnitud en todas las agrupaciones políticas. La verdad es que ninguno se salva porque el que no está señalado de corrupción, no tiene ideología política que lo diferencie o sufre de claras muestras de todos los males posibles.

La paradoja actual es que cuando más se requiere el mejor funcionamiento de los partidos, en medio de una campaña presidencial, sea precisamente esa circunstancia la que ha hecho visibles las grandes fisuras existentes al interior de ellos. Probablemente el más deteriorado parece ser el Partido Liberal. Una severa crisis rodea a su director y su candidato presidencial, gracias a los manejos perversos de Gaviria, no logra ocupar la posición que debería por sus grandes cualidades personales y profesionales.  El partido Conservador que no se queda atrás, además de tener entre sus directivos personajes cuestionados, no tiene candidato propio a la presidencia de la República, y también se presenta dividido en cuanto al apoyo a los otros candidatos de diferentes partidos.

El Partido Verde se alió con parte del Polo, que hoy ante la debilidad del candidato Fajardo, decide irse finalmente con Petro, su antiguo jefe que va de segundo en estas encuestas, debilitando significativamente a Fajardo. La izquierda va de segunda en la contienda, pero solo la fracción que dirige Petro; un pedazo del Polo se fue al partido liberal siguiendo a la candidata a la vice presidencia, Clara López. Mejor dicho, hay actualmente tres segmentos de la izquierda de manera que se ve absolutamente desintegrada. El uribismo alrededor de Álvaro Uribe Vélez como más que un partido político es una secta, es el más unido alrededor de su feje único al cual obedecen ciegamente no obstante todas las acusaciones que pesan sobre él.

Sin embargo, debe decirse que lo peor está por venir. Ya Gaviria, en un acto increíble, anunció que si su candidato no arranca, dirigiría al partido posiblemente al uribismo, después de la férrea oposición que él mismo lideró durante el último gobierno de Uribe. Oportunismo político, sed de poder, cero ideología o todo este conjunto de males, es lo que significa esta posible jugada de Gaviria. Si Petro sigue de segundo, todos los del Polo hoy distribuido en varios partidos, correrán a respaldarlo y abandonarán las coaliciones dejando entre otras al Partido Verde muy debilitado. Y los conservadores con su división o se volverán uribistas de extrema derecha si se van con Duque o de algo difícil de definir entre derecha y centro, si su apoyo es para Vargas Lleras.

Ni que hablar de la U que se consagra como el Partido del clientelismo y de los vicios políticos que se supone se desean acabar. Moraleja, la única salida entonces es refundar los decrépitos partidos políticos, tarea que ojalá se emprenda de inmediato con más mujeres y jóvenes que hasta ahora.  

ExMinistra de Estado

También podría gustarte