Información y sociedad civil

Somos una sociedad copiosamente comunicada, lp cual supone como su más importante e influyente activo la información; que hábilmente manejada gana adeptos, crea divergencias, agrava diferencias internas, alimenta separaciones, produce ingobernabilidad, desorganización, desbarajustes y desconciertos, en el saber que la utilización de la ideología y el decir para explotar los temores de las personas son herramientas reales para potenciar malos entendidos nacionalismos, detonar desconfianzas, aumentar diferencias, justificar malas prácticas, generar políticas ofensivas y hasta delimitar fronteras, entre otros particulares y generales aspectos.

El mal uso de la información y de los medios masivos de difusión son usados, como se manifiesta en y desde diversas tribunas de opinión, como estructuras de dominación, de control social o poder blando (término usado en relaciones internacionales para describir la capacidad de un actor político, como por ejemplo un Estado, para incidir en las acciones o intereses de otros actores valiéndose de medios culturales e ideológicos, con el complemento de medios diplomáticos), es sin duda una verdad que no se puede desconocer, siendo determinante que los gobiernos, con rigor y pensamiento crítico implanten e implementen medidas que contrarresten la desinformación y la peroración de información malsana que crean tergiversación en la opinión pública, en el proceso de toma de decisiones y en la gobernabilidad, en lo que importa la acción decidida y decisiva de una sociedad civil organizada y perdurable  capaz de elaborar las condiciones mínimas para entender su verdadera realidad como sus propias necesidades, a través de mecanismos para resolver sus propios  problemas. Solidarizarse, movilizarse, ser generosa, potenciar y organizar los esfuerzos, traduce el surgir real del fenómeno de la sociedad civil, que debe entender, comprobar que la información que se transmite en redes sea real, experiencia que permitirá evolucionar hacia la creación de iniciativas contra las falsas noticias.

Generar sinergias, asumir posiciones, acudir a expertos, participar activamente, organizarse persistente e inteligentemente, cambiar la percepción de muchos que se trata antes que nada de un problema de grandes dimensiones que afecta gravemente el buen curso de la base societaria en general. Se requiere en aras de consolidar una superior, más sensibilizada y sensible sociedad civil, empoderamientos e iniciativas de auto organización y defensa, camino al logro de aperturas y cambios tanto profundos como fundamentales desde donde defender sus derechos.

Deben quedar de lado las actitudes ambivalentes en relación al cumplimiento de las leyes y respecto a la corrupción, ser intolerantes en cuanto al acceso limitado a servicios, créditos, vivienda, programas sociales. No cohonestar con ninguna forma de corrupción es la consigna, como tampoco justificar hechos deleznables con decires tergiversadores y a la postre perversos tales como: “Que robe pero que reparta, que haga, que se vean las cosas, que nos toque”, escenarios donde la sociedad civil debe jugar un papel tanto fundamental como preponderante para cambiar, ojalá de plano esa perversa y dañosa ambivalencia.

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