Editorial

Carlos Holmes Trujillo : un colombiano ejemplar

Si ha habido algún funcionario del que pueda decir que le ha prestado un servicio literalmente “ininterrumpido” al país durante muchos años, ese es Carlos Holmes Trujillo García, el Ministro de Defensa fallecido este martes víctima del covid-19.

A punto de cumplir 70 años, ejemplo como pocos del ejercicio sereno pero enfático de la política, caracterizado por sus buenas maneras y perfil humanista, con muchas batallas proselitistas encima (unas ganadas y otras no) y dueño de una oratoria impecable, el dirigente vallecaucano murió cuando estaba a punto de comenzar una nueva aventura por el último peldaño de su carrera: la Casa de Nariño.

Trujillo García se convirtió en la mano derecha del presidente Iván Duque desde el inicio de su mandato cuando lo nombró Canciller, cargo al que siempre aspiró desde que comenzó su vida pública a comienzos de los años 80 como cónsul y encargado de negocios en Tokio, durante los gobiernos de Julio César Turbay y Alfonso López Michelsen.

Hijo del dirigente liberal del mismo nombre, Carlos Holmes nació en Cartago, en 1951. Fue Abogado, Doctor en Derecho y Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad del Cauca, con Especialización en Derecho Penal y Criminología. Trujillo regresó de Japón con una Maestría en Negocios Internacionales y se vinculó a la administración de Cali como Secretario de Hacienda. Después, en 1988, se convirtió en el primer alcalde de la Sultana del Valle en ser elegido por voto popular, a nombre del Partido Liberal.

En 1991 lideró la lista de esa colectividad que lo llevó a la Asamblea Nacional Constituyente, y luego fue designado por la administración de César Gaviria como Ministro de Educación, primero, y luego Embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington. Para entonces, ya había sido el cofundador de la Federación Colombiana de Municipios, el poderoso gremio de los alcaldes del país.

En la administración de Ernesto Samper fue su primer Alto Consejero de Paz, cargo desde el que hizo en apenas 100 días el más acertado diagnóstico sobre la posibilidad de revivir los diálogos de paz con la guerrilla de las Farc.

Fue durante su gestión que en el país comenzó a hablarse del Protocolo II común a los cuatro Tratados de Ginebra, una materia que hasta entonces era desconocida en Colombia, peor que luego logró ser ratificada por el Congreso de la República y elevada a norma constitucional, dando paso al concepto de humanización del conflicto.

Fue, siempre, un defensor de la salida negociada al conflicto pero dentro de las normas constitucionales y legales, sin afectar la legitimidad institucional ni sacrificar la justicia al ciento por ciento.

Trujillo García regresó al servicio diplomático en el mandato de Andrés Pastrana. Ejerció como embajador en Austria (1998-1999); ante los Organismos de la ONU, con sede en Viena (1998-1999) y en Rusia (1999-2001). Fue decisiva su intervención en defensa del Gobierno tras la ruptura de los diálogos de El Caguán y la inclusión de las Farc en la lista de grupos terroristas, en 2002.

Con la política en las venas, Trujillo García se presentó en 2003 a las elecciones para la Gobernación del Valle, pero perdió ante el sindicalista Angelino Garzón.

Tras ello volvería a representar al país en el exterior, ya en la administración Uribe. Fue embajador en Suecia y demás países nórdicos entre 2004 y 2006.

En 2011, en el primer mandato de Santos, terminó su encargo diplomático, y dos años después se vinculó de lleno al uribismo. En 2014 fue uno de los tres precandidatos presidenciales que compitieron en una encuesta interna, al lado de Francisco Santos y Óscar Iván Zuluaga. Este último fue el ganador y escogió al dirigente vallecaucano como su fórmula vicepresidencial. Sin embargo, su siempre presente intención de llegar a la Casa de Nariño se truncó al ganar de nuevo Santos.

Ya en 2017 su deseo de servir al país desde la Presidencia volvió a aflorar. Compitió en el mecanismo de encuestas internas del uribismo, junto a Iván Duque, Paloma Valencia, María del Rosario Guerra y Rafael Nieto Navia. Llegaría a la última ronda, en donde perdió con el hoy Jefe de Estado.

Pasadas las elecciones de 2018, su conocimiento en materia de relaciones internacionales y derecho internacional humanitario hicieron que el electo presidente lo incluyera en su gira internacional por Europa y Estados Unidos donde el nuevo mandatario comenzó a explicar su complicada propuesta de ajuste al acuerdo de paz.

Ya posesionado, Duque lo designó Canciller, no solo por su amplia experiencia diplomática sino por ser, de lejos, uno de los dirigentes con más peso político específico, capacidad argumentativa y credibilidad dentro del entrante gabinete. Una de sus primeras misiones fue armar el ‘cerco diplomático’ contra del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

Trujillo fue clave, junto a EU y el Grupo de Lima, en el diseño y puesta en marcha de la estrategia a la que hoy ya se han sumado más de 50 países de las Américas, Europa y otras latitudes.

Pero fue en noviembre de 2019 en el que el peso de Holmes Trujillo quedó más en evidencia. En crisis de gobernabilidad, Duque le pidió aceptar la cartera de Defensa, tras la renuncia forzada de Guillermo Botero, a punto de ser blanco de una moción de censura. El vallecaucano se le midió al reto de asumir una cartera que todos consideraban un ‘quemadero’ político. Valido de su amplio bagaje político, su experiencia probada en temas de defensa, seguridad y paz así como dueño de un carácter sereno y firme para enfrentar debates y argumentar políticas, Trujillo tuvo en este Ministerio múltiples retos, desde dos mociones de censura fallidas, varios escándalos por errores de la Fuerza Pública hasta enfrentar asonadas, paros, un pico regional de violencia y hasta el duro impacto de la pandemia. Pero también sumó varios importantes golpes a la delincuencia, el narcotráfico y una histórica reducción de homicidios…

En medio de todo ello, el Ministro nunca paró. En plena crisis por el covid-19 recorrió el país todos los días. En alguno de esos periplos se contagió del coronavirus que este martes en la madrugada, tras varios días en estado crítico, le costó la vida. Un servidor público hasta el último momento, incluso ante la cercana posibilidad de renunciar para lanzarse de nuevo a buscar la Casa de Nariño, el anhelado último peldaño de su larga y productiva carrera política. Paz en su tumba.