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HOY DIARIO DEL MAGDALENA

EDITORIAL

Enfrentar juntos el problema

La emergencia sanitaria por la que está atravesando Colombia como consecuencia de la pandemia decretada por la Organización Mundial de la Salud, requiere ante todo coherencia y unidad de mando para la toma de las mejores decisiones. Hoy cuando bordeamos más de mil casos con 18 víctimas y se pasó de la fase de contención a la de mitigación, puesto que en más de un diez por ciento de las personas infectadas no está claro el nexo epidemiológico, ello nos debe llamar a la unidad.

Desde el comienzo de esta crisis hemos insistido en que se requiere que el plan de contingencia esté claramente estructurado y jerarquizado, no solo en cuanto a las políticas y protocolos de salud pública, sino en lo referente a la articulación institucional entre los gobiernos del orden nacional, departamental, distrital y municipal. Sin ello es imposible poner en práctica y obtener los resultados esperados del conjunto de medidas multisectoriales activadas para hacer frente a esta inédita y muy grave coyuntura.

Dicha articulación institucional es más imperativa si se tiene en cuenta lo ocurrido días atrás cuando se alcanzó a generar un conato de cortocircuito entre la estrategia de la Casa de Nariño y las directrices de algunos gobernadores y alcaldes, por ejemplo en temas como las primeras restricciones a la movilidad ciudadana así como a las actividades productivas con el fin de contener la curva de contagios en esa primera fase. Afortunadamente el Presidente de la República, los gobernadores y los alcaldes lograron superar rápidamente el desencuentro funcional y acordar que todo el mecanismo de respuesta sanitaria y de alivio socioeconómico estaría, como lo dispone el ordenamiento constitucional y legal, bajo la dirección exclusiva del Jefe de Estado, en coordinación lógica y funcional con los demás niveles de la administración pública.

Ese esquema facultativo ha generado que el plan de respuesta a la emergencia sanitaria se esté implementando de manera relativamente eficiente, aunque -como lo hemos advertido en estas columnas- hay algunos decretos cuya aplicación práctica se ha demorado de manera preocupante, especialmente en lo relativo al fondeo presupuestal de hospitales y clínicas, las líneas de apoyo económico para las empresas y una parte de la entrega de subsidios focalizados a las familias y hogares más vulnerables.

Como es apenas obvio, dada la velocidad con que circula la información en las redes sociales y la creciente preocupación ciudadana y de los sectores económicos por los graves efectos en materia sanitaria y en la productividad que está teniendo la epidemia, en muchas instancias se habló de un cortocircuito grave entre la Casa de Nariño y muchos alcaldes y gobernadores del país, más aun tratándose de un tema muy sensible como la duración de la cuarentena.. Ahora, el problema radica en que tratándose de un asunto tan delicado como lo es la vigencia del aislamiento social lo mejor sería que los pronósticos sobre la duración del mismo no se anuncien de forma unilateral e inconsulta, sino que, por el contrario, sea el Jefe de Estado, por tratarse de una restricción a nivel nacional, el que fije las directrices al respecto, obviamente teniendo en cuenta la opinión y los criterios de los gobernadores y los alcaldes.

Una política coherente, unificada y jerarquizada, que respete los roles funcionales de cada instancia de la administración pública, resulta determinante para que la ciudadanía entienda y acate rápida y conscientemente los lineamientos de las autoridades. Recibir informaciones discordantes o inciertas sobre temas clave de la crisis, lleva a las personas a plantear dudas sobre la credibilidad de las instrucciones oficiales e incluso utilizar el vacío como excusa para incumplirlas.

La unidad de criterios entre la Presidencia de la República y la Alcaldía de Bogotá es primordial para enfrentar con margen de solvencia el desafío del Covid-19. Los esfuerzos de los gobiernos Nacional y Distrital serán más efectivos en la medida en que su nivel de articulación y coordinación sea el mayor posible y el mensaje a la ciudadanía uno solo.

Si bien el coronavirus representa ante todo una crisis sanitaria de un tamaño excepcional, es también un choque con efectos muy negativos para la economía colombiana. Es una crisis inédita que afecta a muchos sectores productivos y a los trabajadores y empresas formales e informales que los componen.

En general, las empresas están en la primera línea de la crisis. Están siendo desestabilizadas en su organización del trabajo y producción. Las grandes empresas, además, han visto cómo el desplome de los mercados bursátiles hace que se reduzca su valor, mientras que las pequeñas y medianas están expuestas teniendo en cuenta el debilitamiento de su tesorería y a veces un endeudamiento muy elevado. De hecho, las pequeñas y medianas empresas representan, según el Dane, el 35 % del PIB, el 80 % del empleo.

Se requiere entonces que el Gobierno le ordene a los bancos prestar sin mayores dilaciones y apoyar en este momento crucial al aparato productivo de la Nación.