
Leyder Panza
Publicado el February 24, 2026
Dos asaltantes protagonizaron una insólita incursión delincuencial en una concurrida avenida de Santa Marta, tras reducir con arma de fugo a la víctima un padre de familia y su pequeño hijo que se desplazaban al colegio en moto. El hecho no solo causó indignación colectiva en Colombia, sino que puso hablar al país sobre la inseguridad reinante en la capital del Magdalena y la inoperancia de la Policía Metropolitana para enfrentar el crimen y la delincuencia. La sociedad colombiana no solo expresó su indignación sino que exigió de las autoridades policivas una pronta y eficaz respuesta ante estos hechos delictivos que son cotidianos y hacen parte del paisaje samario. El alcalde Carlos Pinedo Cuello tras rechazar y condenar el asalto, les hizo una advertencia a los bandidos, que irán tras de ellos para ponerlos a recaudo de la justicia. Ofreció $ 10 millones por los dos criminales que intimidaron al padre de familia y su niño con revólver para cumplir su cometido./ CORTESÍA
El hecho que despertó la solidaridad del país para con el padre de familia y su pequeño hijo que fueron asaltados, ha sido minimizado por la Policía Metropolitana que aún sigue sin emitir un pronunciamiento.

Lo ocurrido el día lunes en la Avenida de los Estudiantes con calle 22 no fue un hecho más en la inseguridad que reina en la ciudad. Fue el punto de quiebre que terminó de desnudar una inconformidad que viene creciendo en silencio y que hoy rebosó la copa. Y eso era lo que necesitaba Santa Marta que se visibilizara un hecho criminal, como el asalto a un padre de familia delante de su propio hijo, para que Colombia entera se de cuenta de la inoperatividad que tiene la Policía Nacional en esta zona del país.
EL HECHO
El asalto al padre de familia cuando se movilizaba con su hijo pequeño en una motocicleta no solo indignó a Santa Marta, puso a la ciudad en el centro del debate nacional y abrió una discusión incómoda sobre la seguridad que hoy se vive en sus calles.
Durante las últimas horas, el caso ha sido replicado por medios nacionales, opinado en estudios de radio y televisión y difundido en redes sociales por figuras políticas como el exministro Wilson Ruiz y la senadora María Fernanda Cabal, quienes cuestionaron la situación de orden público en el país y señalaron lo que ocurre en la capital del Magdalena, es el reflejo de que la Nación está n poder del crimen y la elincuencia. El episodio dejó de ser local porque tocó una fibra especialmente sensible al meterse con un niño, y la imagen de un menor expuesto al terror de un arma dejó de ser un simple dato para convertirse en el símbolo de una ciudad donde la violencia ya no distingue edades.

LOS NIÑOS
Cuando la inseguridad alcanza a la infancia, el debate cambia de dimensión, ya no se trata únicamente de cifras, ni de competencia institucional, ni de interpretaciones técnicas. Se trata de límites, de la línea que una sociedad no debería permitir que se cruce y muchos sienten que esa línea fue traspasada hace mucho.
En la ciudad, la conversación no gira alrededor del video en sí, sino de lo que representa. Comerciantes, conductores, madres de familia y trabajadores coinciden en algo elemental y es que el miedo dejó de ser una percepción pasajera y se convirtió en experiencia cotidiana. No hay una esquina donde no se hable de atracos a plena luz del día, de robos recurrentes en distintos sectores y de una presencia institucional que muchos consideran insuficiente frente al desafío.
“A mí la verdad me da miedo salir. Hoy parece que en Santa Marta mandan más los delincuentes que la misma Policía. A uno lo atracan en cualquier lugar. No es posible que tengamos que vivir todo el tiempo con miedo y zozobra”, expresó María Andrea Sulvarán, residente del barrio Andrea Carolina.

Desde el barrio El Líbano, el comerciante José Manuel Ríos comparte una preocupación similar: “Aquí uno ve pasar las motos con parrillero y ya siente tensión. Los robos se repiten y casi nunca sabemos en qué terminan. Lo que pedimos es más presencia y resultados. Que se note que hay autoridad”.
Frente a las críticas, el secretario de Seguridad, Carlos Bernal Cruz, defendió la labor institucional y aseguró que ya se están analizando las grabaciones para establecer si el responsable estaría vinculado con otros casos. “Ya tenemos los videos… estamos relacionando este video con otros donde posiblemente sea el mismo individuo que está cometiendo estos actos de hurto a la ciudadanía”, afirmó. También pidió no generalizar y sostuvo que no se puede juzgar a la Policía por hechos aislados, destacando que, según las estadísticas oficiales, la criminalidad ha disminuido en un 17,2 % en los últimos años.
De hecho, las autoridades han revisado múltiples registros de cámaras de seguridad que captaron al menos tres atracos recientes, el del padre con su hijo, otro en cercanías al hospital Hospital Julio Méndez Barreneche y un caso en el barrio Andrea Carolina. Según fuentes oficiales, aunque los presuntos responsables cambian de camisetas o prendas para intentar despistar, han repetido elementos como la gorra y el calzado, lo que permitiría avanzar en su plena identificación como autores de varios hechos que hoy mantienen en alerta a la ciudad.
Es allí donde se instala el contraste más fuerte, mientras se habla de reducción porcentual del delito, en la calle se habla de vulnerabilidad, de miedo. Mientras se pide no convertir los casos en regla, la ciudadanía insiste en que los episodios se repiten con demasiada frecuencia como para ser considerados excepciones. El debate no es si existen cifras que respalden la gestión; el debate es si esas cifras se traducen en tranquilidad real.
LA POLICÍA EN EL ´OJO DEL HURACÁN´
La crítica que hoy recae sobre la Policía Metropolitana no nace solo de un caso aislado, sino de la distancia que existe entre las cifras oficiales y lo que la gente vive todos los días en las calles. No es una crítica en el aire, es una exigencia basada en hechos concretos, es una exigencia de resultados visibles: capturas, operativos sostenidos, presencia estratégica en puntos críticos y una reacción que sea tan rápida como contundente. La ciudad reclama que la autoridad se sienta antes de que ocurra el delito, no únicamente después.

El impacto nacional del caso también dejó una reflexión inevitable. Cuando Santa Marta es noticia en todo el país por un hecho de inseguridad que involucra a un niño, el daño no es solo mediático. Es reputacional, es social y es institucional. La imagen que se proyecta es la de una ciudad donde el miedo parece estar ganando terreno.
Hoy la comunidad no pide discursos defensivos; pide acciones claras. Pide que la Policía Metropolitana asuma el desafío con mayor presencia efectiva y resultados que devuelvan la calma. Porque cuando el miedo se vuelve parte de la rutina diaria, deja de ser percepción y se convierte en realidad y una ciudad que normaliza el miedo empieza a perder mucho más que tranquilidad, empieza a perder confianza.
EN VIDEO: El atraco que indignó al país
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Leyder Panza
Publicado el February 24, 2026


